De acuerdo con información enviada por la empresa, el estudio “Don’t Breathe on Me” de la Cornell University da cuenta sobre las consecuencias infecciosas de una persona dentro de una cabina de ascensor. Así, se determinó que el aliento de una persona llega a expandirse por 1,5 o más metros, desde la boca o nariz, por lo que puede infectar a otros pasajeros que estén en la cabina. Si se agrega el efecto de la ventilación que genera corrientes de aire, no solo se incrementan esas distancias sino que se distribuyen las partículas infecciosas por todo el cubículo.

Para corregir esta problemática, la compañía argentina Ascensores Servas desarrolló una solución compuesta por cuatro caminos complementarios y simultáneos de ataque y prevención, con rayos ultravioletas UV-C, aislación individual por pared de aire, renovación de aire total en pocos segundos y botones de accionamiento sin contacto.
Un ejemplo son las cabinas instaladas por la compañía en la Torre Madero, ubicada en Catalinas, que alberga a algunas de las empresas más importantes del país y la Embajada de la India. En condiciones normales, cuenta con una población de 1.750 personas más un flujo diario de 1.000 visitantes. Previo a la pandemia, el ingreso en las horas pico de acceso a las oficinas llevaba 60 minutos. Hoy, con los protocolos de distanciamiento social, llevaría 10 horas.